¿SANTOS O SALTEADORES? El escándalo de los monjes bandoleros de Aguilar de Campoo (1501)

 




Imagina que caminas por un sendero real en la Castilla del año 1501. A lo lejos divisas el imponente Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Respiras tranquilo: la Iglesia es refugio y paz. Pero, de repente, de entre las sombras no salen bandoleros comunes, sino unas figuras vestidas con hábitos. Se trata de fray Juan Ruiz y fray Toribio. No vienen a darte la bendición, vienen armados con palos, hierros y lanzas.

Este no es el guion de una película de suspense; es un caso real documentado en el Archivo General de Simancas. El bachiller Maese Pablo, un académico de la villa de Aguilar de Campoo, vivió para contarlo (aunque por poco).

Emboscada en el camino real

Según la denuncia que llegó hasta los Reyes Católicos, el bachiller Pablo fue brutalmente emboscado en el camino real a la altura de Villanueva del Río, muy cerca de la villa de Aguilar. Los religiosos le salieron al encuentro armados hasta los dientes, hiriéndole con lanzas, golpeándole e injuriándole. Le dieron tal paliza que los monjes, literalmente, «le dejaron por muerto».

Lo que en un principio podría parecer una simple pelea o un arrebato de locura de dos monjes, revela un trasfondo mucho más escalofriante al analizar los legajos de la época. No era un hecho aislado: el bachiller acusaba a estos religiosos de vivir como auténticos forajidos. La lista de cargos incluía homicidio (se les atribuía la muerte de cuatro personas), bandidaje como «salteadores de caminos» y una vida totalmente laica en la que andaban armados «como si fuesen legos», olvidando por completo sus votos de obediencia y pobreza.

Una red de terror dirigida desde el altar

¿Cómo era posible que unos monjes actuaran con semejante impunidad? Los nuevos documentos del Archivo de Simancas arrojan una luz siniestra sobre el caso: el ejemplo venía desde arriba. El verdadero cerebro y protector de esta red no era otro que el mismísimo Abad del monasterio de Aguilar, fray Juan de Colmenares.

El Abad Colmenares no solo permitía los desmanes de sus subordinados, sino que ejercía su propio reinado del terror en la comarca mediante la coacción y el nepotismo. Para asegurar su control, contaba con un brazo ejecutor de sangre: su sobrino, Rodrigo de Sosa, quien casualmente era el alcaide de Castrillo Tejeriego. Con el poder de la fe en una mano y las armas de su sobrino alcaide en la otra, el Abad era un hombre intocable... y temido.

La hostilidad de fray Juan de Colmenares no se limitaba a los civiles. Su agresividad era tal que otros religiosos de la zona vivían aterrorizados. En julio de 1501, Juan de Burgos, abad del monasterio de Santa María de Villamedianilla, tuvo que pedir un seguro y amparo real debido al profundo «odio y enemistad» que Colmenares le profesaba.

Un conflicto que venía de lejos

El escándalo de Aguilar de Campoo era una olla a presión que venía gestándose años atrás. Ya en 1498, consta un documento de "seguro" emitido a favor de Pedro de Aceves, abad del monasterio de Nuestra Señora de Santa María de Retuerta (Palencia), y sus frailes, quienes expresaban un profundo temor hacia las represalias y las armas de fray Juan de Colmenares y su peligroso sobrino, el alcaide Rodrigo de Sosa.

Por eso, cuando el bachiller Pablo fue atacado en mayo de 1501, la Corona decidió tomar cartas en el asunto de manera drástica. Sabiendo que el monasterio de Aguilar estaba corrompido desde su cabeza, los Reyes Católicos emitieron una comisión dirigida a una figura neutral: el abad de Retuerta (el mismo que había temido a Colmenares años antes), ordenándole ir directamente a Aguilar a practicar una investigación formal sobre el intento de asesinato del bachiller.

El «tirón de orejas» de Isabel y Fernando

Los Reyes Católicos no eran conocidos por su paciencia con el desorden. Al recibir la queja formal de Diego de Monterrey (procurador del bachiller herido), enviaron una orden tajante a la abadía exigiendo justicia inmediata bajo su propia regla y las leyes del reino.

Para asegurarse de que el Abad Colmenares no engatillara la investigación —o hiciera la vista gorda con sus monjes heridores—, la Corona impuso una condición asfixiante: una multa de 10.000 maravedís si se desentendían del caso, y un plazo estricto de 40 días para enviar el testimonio de que se había hecho justicia.

¿Por qué es importante este documento hoy?

Más allá del "chisme" histórico, este entramado de legajos nos muestra la compleja lucha de jurisdicciones en la España de 1500. ¿Quién juzga a un monje que manda a matar o que saltea caminos? ¿La Iglesia o el Rey? Aquí vemos cómo el poder civil (la Corona) presiona con todo su peso al poder eclesiástico para que mantenga el orden, utilizando auditorías externas entre monasterios y amenazando con intervenir directamente en las finanzas de la abadía.

Primera página del documento

Aguilar de Campoo es hoy un lugar de paz y un tesoro indispensable del románico, pero sus piedras guardan los ecos de una época oscura; una época donde el peligro no solo vestía armadura, sino que a veces usaba sandalias, escapulario y respondía ante un Abad mafioso.


Fuente; Archivos Españoles. Signaturas RGS,LEG,150102,31. RGS,LEG,150103,528. RGS,LEG,149801,68 y RGS,LEG,150107,255

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